Seguramente para aquellos
familiarizados con la tecnología este será un proceso relativamente fácil
de entender, sin embargo, para aquellos de nosotros que tan sólo
el nombre nos suena raro, poder entender el proceso de funcionamiento
de uno de estos equipos parece una tarea muy difícil.
Así que esta vez me propongo traducir en lenguaje simple
(en la medida de lo posible) la complejidad de la operación
de estas maravillas tecnológicas, tomando como ejemplo el
Acelerador Lineal.
Radioterapia externa: radioactividad
contra el cáncer
La radioterapia es el uso
de radiaciones para el tratamiento de algunas enfermedades; existen
múltiples terapias contra
el cáncer y la aplicación de unas u otras depende
del tipo de tumor, la radioterapia externa puede funcionar como único
tratamiento terapéutico o como complemento a la cirugía
o a la quimioterapia.
La radioterapia externa es el tipo
de radiología terapéutica
que se utiliza con mayor frecuencia y es una técnica cada
vez más precisa que evita la irradiación de tejidos
sanos; se administra externamente desde una máquina dirigida
al tumor dentro del cuerpo del paciente. Entre los ejemplos de
máquinas de radioterapia externa se incluyen los aceleradores
lineales, las bombas de cobalto o las máquinas de rayos
X de ortovoltaje.
Funcionamiento de la radioterapia externa
La radioterapia externa administra
radiación ionizante
al cáncer, destruyendo las células cancerosas. Es
indicada por el médico oncólogo radioterapeuta quien
decide dónde, cuándo y la cantidad de aplicaciones
que se deben de realizar.
Para que las células sanas tengan tiempo de recuperarse,
los pacientes que se someten a radioterapia externa reciben pequeñas
dosis (fracciones) de radiación por vez. Recibir pequeñas
dosis diarias de radiación, en lugar de espaciar dosis más
elevadas ayuda a proteger el tejido sano situado alrededor del área
enferma.
La mayoría de los pacientes reciben tratamientos de radiación
en forma ambulatoria (1). Un programa típico para el tratamiento
de radioterapia externa consiste en recibir la terapia cinco veces
por semana durante un período de cuatro a ocho semanas.
En algunos casos, en los que el tratamiento es paliativo (para
aliviar los síntomas más que para curar la enfermedad),
la duración del tratamiento puede ser de sólo dos
a tres semanas.
A medida que el tratamiento avanza,
el radioncólogo (2) controlará el
progreso del paciente y su respuesta al tratamiento. En función
de la respuesta al tratamiento, puede modificarse la dosis de la
radiación, la cantidad de tratamientos o la duración
del tratamiento.
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