|
|||||||||||||
¿Entusiasmo o decepción en cuanto a la efectividad clínica de las prótesis endovasculares (stents) con revestimiento a base de sirolimis o paclitaxel y el riesgo de trombosis tardía? Dr. Esteban de Icaza, Subdirección de Evaluación CENETEC Una vez que se reconoció el adelanto tecnológico de las prótesis endovasculares con revestimiento medicado (PERM) ya sea sirolimus o paclitaxel, la Food and Drug Administration (FDA) autorizó su uso en el año 2003. La comunidad de cardiólogos a nivel nacional e internacional rápidamente se apropiaron de esta tecnología y para finales del año 2004 las PERM se utilizaban en el 80% de los procedimientos coronarios en los Estados Unidos de America. Las principales ventajas de las PERM giraban en torno a la disminución de las tasas de re-estenosis coronario y de revascularización o ambas a los 9 meses de seguimiento, en comparación con las prótesis endovasculares metálicas convencionales (PEMC o bare-metal stents). Sin embargo, en los últimos meses del año 2006 se presentó evidencia controvertida de algunos ensayos clínicos que sugerían un aumento en el riesgo de desarrollar fenómenos trombóticos tardíos a partir de instalación de PERM. Además, se incluyeron otros datos al debate como el aumento en pacientes con PERM de infartos no fatales, muertes asociadas a causas cardiovasculares y trombosis de la prótesis endovascular documentada por medio de angiografía en comparación con pacientes sometidos a PEMC. Como era de esperarse, se desató una guerra comercial por parte de los dos productores de prótesis endovasculares para resaltar las bondades de los PERM y comentado poco o nada de los riesgos de trombosis tardía. En el Sistema Nacional de Salud cada vez más se ha venido adoptando esta tecnología, que si bien en el corto plazo ha mostrado resultados significativos, todavía falta tiempo para evaluar su justa dimensión en cuanto a riesgos de complicaciones, y su efectividad clínica comparada con alternativas ya probadas. De ahí que las PERM podrían seguir un modelo de entusiamo/decepción en cuanto a adopción de la tecnología. Es decir, bajo este modelo las PERM tienen una aceptación inmediata y logran introducirse de forma ágil a lo largo del sistema de salud, pero con el tiempo la evidencia emergente gradualmente precisa el justo medio de la efectividad clínica de esta tecnología. Por último, no se puede soslayar la necesidad de distribuir bajo un sentido de eficiencia los escasos recursos económicos para la salud. En nuestro contexto de grandes necesidades de salud y poco dinero, el alto costo de las PERM en comparación con las PEMC requiere de una justa evaluación de la tecnología que resuelva el dilema entre beneficiar a un mayor número de enfermos versus atender a menos cardiópatas con una mejor tecnología. |
||||
![]() |
||||